Ve y haz tú lo mismo

Ve y haz tú lo mismo

Lucas 10:30-37

¿Qué es correcto  y qué no es correcto respecto a ayudar al prójimo? Cuando vemos a un niño de la calle pidiendo una moneda ¿debemos dar o no? Algunos dicen darles una moneda es lo más fácil, luego uno se olvida del problema o acalla la conciencia, pero el problema de la pobreza del niño permanece.

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús, da una orden muy precisa respecto a la manifestación de amor hacia el prójimo: “Ve y haz tú lo mismo”. Esta orden surge del intento de un intérprete de la ley de incomodar a Jesús respecto a los mandamientos. Ante la respuesta de Jesús, de que Amar a Dios y amar al prójimo son los grandes mandamientos en los que se resumen la ley y los profetas, el intérprete, en el intento de justificar sus acciones, volvió a preguntar: ¿Quién es mi prójimo? La respuesta de Jesús regaló a la humanidad la parábola del Buen Samaritano.

En esta parábola Jesús aclara las acciones que debemos realizar si intentamos cumplir con el mandamiento de amar al prójimo. Es claro, por la frase final: Ve y haz tú lo mismo  que Dios espera que las acciones realizadas por el Buen Samaritano sean nuestras acciones. Consideremos pues, las acciones que debemos realizar si intentamos cumplir con el mandamiento de amar al prójimo.

Acción #1

Sensibilizar el  corazón por los sufrientes (Lucas 10:33)

Cuando el buen samaritano vio al prójimo herido a la vera del camino  “fue movido a misericordia”, esto significa que la escena del sufriente produjo un profundo dolor en el samaritano.  La compasión del samaritano contrasta con los religiosos que vieron la misma escena que él, sin embargo, no fueron afectados por ella.

 

Este es un gran llamado de atención. La elección de Cristo de los personajes: un sacerdote, un levita y un samaritano es totalmente intencional. Los religiosos no sintieron nada por el sufriente  mientras que el samaritano (considerado un pagano por lo judíos) fue movido a compasión. El corazón del samaritano estaba sensible a las necesidades, mientras que el corazón de los religiosos no.

 

En lo que a nosotros respecta, no podemos obligarnos a sentir pena por el prójimo, puesto que las emociones no funcionan por órdenes. Pero si debemos sensibilizar nuestro corazón. ¿Cómo se hace para sensibilizar el corazón? Pues mediante la cercanía a Cristo, cuando estamos cerca de Jesús nuestro corazón se sensibiliza. En 2 corintios  3:18 dice que somos transformados a imagen de Jesús por el Espíritu Santo, en los momentos que experimentamos la Gloria del Señor.

 

Acción #2

Acortar las distancias con los sufrientes (Lucas 10:34)

El sufriente estaba a un costado del camino. Esto permitió que los insensibles pudieran seguir de largo sin ninguna molestia. Sin embargo, el que tenía el corazón sensible se lanzó de su cabalgadura para ayudar al herido. Acortó la distancia entre él y el sufriente.

 

Mucho de nuestro desinterés por las necesidades de los demás se debe a que estamos desconectados del prójimo. En estos tiempos de mucha tecnología para la comunicación las relaciones son superfluas, poco profundas. Muchas veces limitadas a un “me gusta” en el muro de Facebook pero sin interés real por los problemas que afrontan los demás. Y aunque, en un momento de dificultad, un “me gusta” o un comentario puede ser oportuno, nada reemplaza el poder de un abrazo o una mano extendida para consolar o servir.

 

Acción #3

Asumir el compromiso por la restauración de los sufrientes (Lucas 10: 34-35)

 

Las palabras de Jesús: “: Ve y haz tú lo mismo” nos desafían a pasar de la sensibilidad a la acción. Las acciones del samaritano son: vendar las heridas, montar al sufriente en su cabalgadura y caminar a su lado hasta el mesón, cuidar del herido personalmente y finalmente pagar los gastos que implicarían su plena restauración.

 

Es decir, cumplir con el mandato de hacer lo mismo que el samaritano nos debe llevar a asumir  el compromiso con el prójimo de llevarlo desde la condición de sufrimiento en la que está hasta su restauración. Esto puede ser un proceso más o menos largo, pero debemos acompañarlos hasta que puestos en pie puedan hacer lo mismo por otros.

 

Aplicación:

  1. ¿De qué manera práctica puede sensibilizar su corazón?
  2. ¿A qué sufriente puede visitar o en qué ministerio puede servir a fin de acortar distancia?
  3. Mencione a una persona por la que asumió el compromiso de acompañarla e su restauración.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *