Decisiones para no cometer errores

Decisiones para no cometer errores

Génesis 12:1  -20

 

En el primer estudio de esta serie, cuando expliqué el énfasis “Recibir la palabra” escribí:

“Mucho perdimos en el pasado por no tener una palabra de Dios que dirija nuestras vidas. Tomamos malas decisiones económicas. Equivocamos el trato con la familia. Pusimos en riesgo los planes de Dios”.

Me pareció oportuno y me parece oportuno aplicar a estas áreas de la vida el problema que es vivir sin una palabra de Dios que dirija las decisiones que deben ser tomadas. No tener una palabra de parte de Dios para dirigir nuestras vidas nos llevará a cometer errores.

Precisamente, esos tres errores fueron cometidos por Abraham en el capítulo 12 de Génesis: Equivocó el trato con la familia (Génesis 12:13), tomó malas decisiones económicas (Génesis 12:10) y puso en riesgo los planes de Dios (Génesis 12:14-15). Equivocó el trato con su familia, pues como Patriarca a él le correspondía proteger a su esposa y no refugiarse en ella. Falló al buscar en Egipto alimento, cuando su prosperidad descansaba absolutamente en la promesa de Dios. Y casi echó  a perder los planes de Dios de darle un hijo a través de Sara, su esposa. Sin dirección divina los errores son un final anticipado.

Al igual que el patriarca Abraham, marchamos hacia las promesas de Dios, pero para que esta marcha esté libre de errores  se debe vivir en tres decisiones permanentes. Consideremos estas decisiones

Decisiones #1

Permanecer en la última palabra dada por Dios (Génesis 12:5-7)

Antes de juzgar a Abraham duramente es necesario entender que el Hombre de Fe es fruto de un proceso. No se nace en esa condición sino que es resultado del trato paciente de Dios. Tal es así que el patriarca no cumplió todas las órdenes de Dios a cabalidad desde el principio, sino por partes.

Cuando emprende la marcha que Dios le encomendaba, llega a Siquem, prepara un altar, adora y Dios se revela. En la revelación Dios le da una palabra para sustentar su peregrinaje a las promesas: “A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 12:6). El problema es que para Abraham está palabra no es suficiente y sigue caminando en busca de la tierra de la promesa. Lo paradójico es que ya está en la tierra de la promesa, pero como no ve el cumplimiento sigue caminando. Al seguir caminando se expone al error de descender a Egipto, donde nunca debía ir.

Es comprensible que Abraham siga caminando porque aunque recibió la palabra, no veía en la práctica que fuera cumplida. Pero, aunque comprensible no quedarse en la última palabra es un error del que casi no escapa. Así mismo, podemos justificarnos porque no vemos que lo que Dios nos dijo se cumpla, sin embargo debemos decidir permanecer en la última palabra recibida. Esa decisión nos librará de errores.

Decisión #2

Perseverar en la búsqueda de la palabra (Génesis 12:8-9)

Luego de la palabra recibida en Siquem, Abraham vuelve a erigir un altar para adorar entre Betel y Hai, pero allí Dios no le habló. Entonces, recoge su tienda y avanza lentamente, edificando altares, moviendo su tienda poco a poco. Hasta que al final desciende a Egipto.

 

Como la palabra que recibió en Siquem no le era suficiente al patriarca, este continuó su peregrinaje hasta Betel, pero allí el resultado fue peor, Dios no le habló. Ante esto, en vez continuar en adoración  hasta que Dios le hable, Abraham continuo peregrinando hasta llegar a la tierra de Egipto.

 

En esto debemos ser determinante: Dios tiene una palabra para nosotros, esa palabra la encontraremos en la intimidad con él, no en el peregrinaje, no recorriendo iglesias, o buscando consejeros, ni profetas. Dios habla a sus hijos y estos deben permanecer en su presencia hasta que les hable.

 

Decisión #3

Confirmar con acciones la voluntad de obedecer a Dios (Génesis 13:14  -18)

Al volver Abraham de Egipto finalmente decide obedecer a Dios completamente e invita a Lot, su sobrino, a separase de él. Para persuadir a Lot de que se aleje de él, le da la opción de elegir la mejor tierra para la ganadería. Con esta acción, Abraham demuestra que tiene la voluntad de obedecer a Dios. Prefiere el patriarca perder la mejor tierra, con tal de poder obedecer al que tenía promesas para él.

Con Dios solo podemos relacionarnos a través de la obediencia. La obediencia no se demuestra con palabras sino acciones.

Aplicación:

  1. ¿Qué estás haciendo en obediencia a la Palabra que Dios te dio?
  2. ¿A qué debes renunciar para confirmar tu voluntad de obedecer a Dios?
  3. ¿Qué decisiones debes tomar para ajustar tu vida a la voluntad de Dios?

 

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